
sentados. el humo y el silencio. tus ojos se hunden en los míos, los míos se esconden con vergüenza. me seguís mirando, sonreís. yo pienso que te reís, de mí.. -¿Qué?!- -Nada.. no te puedo mirar?- me respondés con ese tonito, sabés que me molesta que me miren fijo, y más en esos momentos. seguís sonriendo, yo me muerdo los labios. empezás a hablar. hablás, hablás. me explicás sobre tus teorías frente a la vida, lo que esta bien y lo que no, algún que otro dato científico, y algunas quejas hacia la sociedad. yo no opino, te dejo hablar.. discernimos en muchas cosas, pero no quiero discutirlas, al menos no ahora. te miro, vos continuás tu discurso. en un fallido intento por opinar emito algún sonido inarticulado, seguido de un comentario sin sentido alguno. te callás y me mirás sonriendo, me rio y comprendés que no entiendo nada. te parás y te acercás al mueble, donde de seguro hay algo que me querés mostrar. -Vení..- hago mi máximo esfuerzo por levantarme y me dirijo a vos. me tomás de la mano. -Mirá- me decís, y me señalás algo que por alguna razón tiene algún grado de importancia o de interés para vos. me contás brevemente su historia. yo asiento con cabeza. me mirás, y con un simple movimiento acercas mi cuerpo al tuyo. me das un beso, simple, consciso. ese sabor a fantasía, que me hace picar los labios. te miro y te lo devuelvo. nos abrazamos mientras nos mecemos sobre nosotros mismos. ese abrazo tan grande que me dan tus brazos, que me cubren entera. asi un minuto, en silencio, pensando, o no pensando en nada talvez. -Vamos a dormir?- -Vamos-. fuera las zapatillas y todo aquello que incomode a la hora de ir a la cama. y así empiezo a soñar formas y colores, música, recostada sobre tu pecho.



































